Naruhito manchego

Naruhito manchegoHacia un un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no puedo acordarme, no ha mucho tiempo -hoy mismo- que la Tormi y su sensei, la de tijera en astillero, jarrón antiguo, culo flaco y coche corredor, se plantaron para hacer dos centros de Ikebana para el Príncipe Naruhito de visita por esas tierras.

Una hora escasa de algo más vaca que carnero, un café desabrido en cafetería cutre, duelos y quebrantos los sábados nos han acompañado en la ejecución de los centros, corre que te correrás, mientras alguna palomina de poca añadidura pretendía que, como unas floristeras de barrio, hiciéramos los centros en la planta baja según se sale del ascensor al lado de las fregonas, y que los subiéramos por las escaleras (los ascensores se acabaron bloqueando por motivos de seguridad).

Un ikebana en una sala que al final no pisará el príncipe para firmar, otro en una salita para el sólo en donde descansará y se cambiará para fotografiarse, en Consuegra, al lado de un Don Quijote de parque temático. A mí me toca este último y me emociono. No hay foto del ikebana porque estaba a contraluz. Le dejan al pobre un catering de curso de empresa, con té en platitos para que pierda bien el aroma. Lo peor, la silla de oficina con ruedas que meten en este improvisado vestidor para que descanse ¿No tenían nada más cómodo y apropiado para el herdero del trono del Crisantemo? Rogué por su bien y por el del sinshoka que no perdiese pie y saliese rodando.

No nos quedamos, ni nos invitan. Cuando volvemos para recoger, alguien les ha debido de informar de la jerarquía japonesa del lugar en que un sensei de Ikebana ocupa en la misma. Ahora sí nos invitan a todo y nos mandan un equipo de mocetones para ayudarnos. Uno de ellos sabe más de Ikebana que yo. Ingenieros con cartelito colgando de la pechera fotografían el centro. Y la palomina de poca añadidura quiere que se lo dejemos colocado en un plato de recuerdo de Toledo y en un cenicero corporativo. Va a ser que no. Mientras, un compañero le dice “ponte delante de la “planta” que te saco una foto”.

¡Que paciencia, Señor!

Hasta los mismísimos

Una de las ventajas de tener un blog que no lee nadie es poder decir lo que a una le venga en gana. Pues bien, rodeada de calor, habiendo tomado el jardín de mi casa unos señores de barriga cervecera pertrechados de cornetas y una tele a todo trapo, estoy a punto de sufrir el síndrome de Stendhal pero a la inversa: estoy al borde de que me de un pasmo por horror estético.

Odio el fútbol, pero no es un odio improvisado, es un odio con solera, repensado y revenido que se remonta a mi infancia de “Carrusel deportivo” en coche paterno y tarde de domingo. En aquel entonces era un odio intuitivo, de dolor de oído y aburrimiento inmenso, cuando en las casas sólo había una tele y tocaba ver el partido por cojones, por mandato divino. Es oir el sonsonete de comentarista deportivo y ponerme mala.

Con los años la cosa ha ido a peor: me ha ido poniendo mala por la estética que lo rodea y porque sigue siendo un hecho sacrosando e indiscutido que justifica parar una ciudad, cambiar las agendas de las reuniones e incluso suspender eventos culturales. Porque la parroquia prefiere el fútbol y porque no se avergüenza de ello, al contrario, lo pone por encima de cualquier otra consideración. Pongamos un ejemplo: hay que fijar una reunión importantísima para tratar un tema urgentísimo. A mi ni se me pasa por la cabeza decir “no puedo, tengo Ikebana” o “no puedo, que me voy a dar un siatsu” ¡qué poco profesional!, pero a nadie se le menea un pelo si alguien dice ¡es que hay partido! Y siempre es el partido del milenio del mes de abril, así que a nadie se le ocurre colocar la reunión en esa maldita tarde de fútbol, que hay que ir al puto palco o a hacer la cabra montesa delante de la tele.

Y pongo el fútbol a la altura de mi ikebana porque no es más que una afición personal que no ha de interferir en la vida de los demás. Lo más grave es que el fútbol está, además, por encima de razones de peso, que se mira con mayor indulgencia que cuestiones importantes. Y pienso en esas madres trabajadoras a las que las miran con mala cara por salir chutando de las reuniones para cuidar de sus hijos, mientras su marido sale como un machote por la puerta a trote cochinero para ver el fútbol. ¡Cuanto más hace por el bien de la patria el segundo que la primera, que, ya se sabe, se tenía que haber quedado en casa fregando!

En fin, que no se equivoque De la Vega: el día que en el pocker cotidiano pese tanto mi siatsu o los hijos de mis compañeras como el partido de fútbol, ese día histórico, será el día de la igualdad real y habrá que ponerlo en los calendarios.

Y ya para que me echen del país confieso: haciendo mío el estilo de vida egocentricofutbolero, estoy rogando para que pierda España y así dormir a a pata suelta. Si no, me pasaré la noche en vela debatiéndome entre morir de calor por cierre de ventana o morir por ataque de bocinazo de orgullo patrio.

Adelanto: no siento tener este sentimiento aunque, como buen odio que es, sí que siento que me ocupe tanto.

Más Natsuo Kirino

María, lectora de este blog (¡gracias María!) y que parece haberse apuntado también a la tribu Kirino, me pregunta si hay más libros de esta autora aparte de Out. La verdad es que sí, pero no en castellano.

Llevo rastreando a Kirino desde el 2005 con muy poco éxito, a pesar de publicar un libro por año en perfecto japonés desde 1993. Encontré Disparitions en francés en la “casa de Japón” de París y Grotesque en inglés trasteando en Amazon. Ninguna llega a impactar tanto como Out aunque mantiene el nivel de perversa japonesería.

Estoy esperado a que llegue el 15 de julio en que se publica la traducción al inglés de Riaru warudo -Real World. Ya os contaré. Mientras espero que, a la vista del éxito de Out algún alma caritativa de esas que les gusta ganar dinero, se anima a traducir las obras de Kirino.

Su segura compradora.

Días de furia

Tomohiro Kato salió de su casa con la sola intención de matar gente, cansado del mundo. Se dirigió al atiborrado barrio de Akihabara en Tokio y, tras llevarse a varios viandantes por delante con su camioneta, los remató a cuchilladas. Van 7 muertos.

En enero de este año, en otra calle comercial de Tokio, un joven de 16 años atacó a cinco personas con un cuchillo de cocina. Hirió a dos personas.

En marzo, en la estación de trenes de Tsuchiura otro hombre hirió con un cuchillo a ocho personas, una de las cuales resultó posteriormente muerta.

Y no me extraña. Japón es un país sin criminalidad pero lleno de furia, se exige mucho para alcanzar la normalidad. Hay poca tolerancia a la diferencia. Perfecto para el visitante pero una putada para los japoneses que han pasado de los suicidios y el ostracismo volutario, a los ataques a la americana.

No veo a Japón capaz de enfrentarse a este tipo de “salidas de tono”. Aumentar la presión aumentará los ataques, pero no les imagino a golpe de “abrazo fuerte” por las calles.

NOTA: Comentario aparte, a pesar de la tragedia, merece el vestuario de los equipos de emergencia: cumplimiento escrupuloso de las normas de seguridad a tope japonés.

Aquí se aprovecha todo

LLego a la reunión de trabajo que me llevó de viaje a Japón. Los organizadores nos regalan a los asistentes con mucha ceremonia lo que parece ser una pañoleta. En un encuentro lleno de ingenieros sin sentido del humor todo el mundo pone cara de paisaje.

Servidora que es una muñeca repollo empollona salta de alegría: en realidad el regalo es un furoshiki king size de los buenos, con el que puedo desde envolver mis kimonos, hasta llevar al hombro mis pertenencias, en plan hatillo nihónico. En Japón son los reyes de los envoltorios, de los nudos y de los atadillos. Sólo hay que tener en consideración que para vestirse un kimono hay que atarse cientos de cosas alrededor del cuerpo. Ni un botón, ni una cremallera, ni una hebilla, todo a base de doblar y atar.

Para los torpes, como yo, a continuación un how to.

Estos pañuelos, de todos los tamaños y calidades, valen tanto para envolver dinero de un regalo, las cajas en las que se guardan las tazas para la ceremona del té, hasta la o-bento tarteril. Yo he incorporado a mi vida diaria un furoshiki de Sibyla que compré en Tokyo hace un par de años y una tartera o-bento pa’ los mediosdías.

Tendriais que ver la cara de mis compis de trabajo cuando saco la tartera y los palillos. Un número.

La vie en rose

Té de Sakura

De verdad que lamento insistir, pero es que en Japón cuando cogen una perra no la sueltan. Y yo tampoco.

Del sakura, como del cerdo, se aprovecha todo. Así que para mantener en el paladar estos bonitos momentos vividos, se elaboran a base de sakura desde postres hasta tés.

El té de sakura, a pesar de las experiencias dulces que me encuentro por la web, consiste en flores de cerezo de la temporada, conservadas en sal, que se prepara de la siguiente manera:

1. Caliente agua para té verde japonés o porque sí;

2. Hacer el té verde (enfriar el agua hasta 70 grados) o preparar directamente con el agua caliente;Toallitas

3. Coger una flor y quitarle la sal en lo posible;

4. Poner la flor en una taza; y

5. Echar en la taza el té verde o el agua caliente.

Y si ya uno quiere morir sakurizado, se recomienda “sakura mochi” arroz glutinoso con pasta de azuki dulce (judía roja) envuelto en una hoja salada de arbol de cerezo. Está delicioso. Para mi gusto mejor con algo amargo como el matcha.

Como soy una caprichosa de a las que Dios va a castigar por manirrota, no pude resistirme a traer conmigo esta reproducción de sakura mochi de Ito-ya, la papelería pija del pijo Ginza. En realidad son dos toallitas para la cara.

Me hacían muchísima falta…

Keitai shousetsu

Keitai shousetsuSoledad. Eso transpira la gente de Tokyo. Te montas en el tren. Todo el mundo lleva el móvil en ristre y nadie habla por él. No suena un sólo politono llamando a Cristina. Teclean y leen, leen y teclean. Y creía que chateaban, pero no, leían. Novelas para móviles. Ketai shousetsu.

Gran horror: de las diez novelas más vendidas en 2007, cinco fueron originalmente novelas para móvil, a base de mucho amor y frases enanas. En un país en donde las clases sociales se determinan por la manera en que se escribe (kanji, bien, katakana, mal) que triunfe este tipo de escritura debe de ser una liberación inesperada.

Fue la decisión de Docomo de ofrecer tarifa plana para mensajes de texto lo que hizo que se popularizaran este tipo de obras. Love Sky (Cielo de amor) de Mika, una adolescente enganchada al amor, las frases cortas y los pensamientos directos ha sido leída por 20 millones de personas. Se trata de una obra lacrimógena donde hay sexo adolescente, violación, embarazo y una enfermedad mortal ¡Pedazo de culebrón! Lo mejor de todo es que estas novelas para móviles han pasado al papel, en donde continúan siendo un exitazo.

En donde el circunloquio lo es todo, novelas de este tipo traspasan las consideraciones de fenómeno tecnológico para convertirse en verdaderos actos de rebeldía. Esto no extrañaría si pasase en España, pero en Japón… A este paso les veo bajándose el juego del Chiki-Chiki.

DJ Kawasaki

El último enamoramiento de Chiqui se llama DJ Kawasaki, y no por la japonesa que aparece en el vídeo, que os veo “de venir”.

Lo ponían de música de ambiente en una tienda de discos del Tokyo Midtown y no se pudo resistir: cargamento musical que te crió. Entre mis tés, y mis jarrones, y mis…, en fin, que gracias a la comprensión de una japonesa de Lufthansa Tokyo, no se quedaron los cds y mis… todo…. en Narita.

Música de baile elegante, de esa que te puedes permitir sin sudar como el del anuncio de Axe. Os podéis bajar gratis Blazin’ de Lastfm.es

Packaging

Los japoneses son los reyes del empaquetado, de las cajitas, de los papeles, de los nudos perfectos. Una compañera ikebanaka que reside en Japón, me mando una caja de “algo” en agradecimiento por hacerle su centro en la exposición del 35 aniversario (igualito que aquí). Tras quitarle el papel del envoltorio (la foto salió movida) me encontré esta caja envuelta en papel de arroz.

Pastas

Tras desatar cuidadosamente el nudo para rehacer la caja, aparecieron estos paquetitos…

Pastas 2

….. que resultaron contener estas galletas de arroz, de consistencia parecida a la del pan de gambas (pero sin la grasaza propia de la comida china) de distintos sabores, dulces unos, salados otros. Tanto trabajo para envolver tan poco. Se explica bien por qué están tan delgados.

Pastas 3

The Garden Oriental Kyoto

The Garden Oriental KyotoEn la que fuera la casa del pintor japonés Seiho Takeuchi, se ubica uno de los sitios más elegantes de Kyoto. Manteniendo tradición, buen servicio y estupendos precios para los que malvivimos con el euro, The Garden Orental Kyoto es el local perfecto para refrescarse en medio de las compras y visitas de templos del Nene no Michi o para cenar y tomar una copa. Y viendo un espléndido jardín con la pagoda Yasaka al fondo.

Por lo que vimos, está fuera del recorrido de los viajes organizados de nosotros los extranjeros, lo que es en sí ya es una garantía de tranquilidad. Aunque pille de camino a Kiyomizu-dera y al lado del templo Kodaiji.

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